Que eres nuestro tesoro bien lo sabes. Pero que no admitimos la violencia te vas enterando.
En las últimas fechas, subiste el nivel de fuerza que empleas en tus juegos de maromas. Hasta que se te vió la franca intención de jalarme el cabello y tu consecuente risa, en señal de triunfo. Así que antes de perder los estribos y la cabellera, tu padre y yo acordamos castigarte llevándote a tu espacio de reflexión en tu recámara. No importa la intensidad de la agresión, lo que se castiga es la intención de lastimar, no son juegos que nos interese fomentarte. A tus 18 meses tampoco los sermones largos nos parece que sean adecuados para ti. No estamos de acuerdo en reprender la agresión con agresión física o verbal. Así que el espacio de reflexión a solas nos parecía lo más adecuado.
Así, de inicio no te gustó nada, y llorabas por espacio de 5 minutos. Hasta que de una semana a la fecha, sospecho que ya no funciona tan bien como antes. Si bien a tu salida, te convertías en una niña muy cariñosa e inspirabas ternura con tus delicados juegos. Hoy comprobé que después de haberme jalado el cabello nuevamente, te reíste, y luego de haberte dicho brevemente que ante la agresión ameritas tu espacio a solas. Vaya, no es porque yo espere que te quejes, pero ese alzadito de hombros y tu tranquilidad al dejarte a solas, me hace sospechar que ya no te estamos castigando sino premiando. Encima de lograr arrancarle unos cabellos a tu madre, te deshaces de ella. Así sin interrupciones te tomas una siesta, o juegas con lo primero que tengas a la mano, observas tus zapatos, te acomodas el peinado.
Si todo en los libros funciona tan bien. Pero presiento que me van a dejar calva en el proceso.

Son tan insistentes!
A mi lo de dejarlo “quieto” en x lugar me funciona, o eso creo