Aunque el nombre resulta impronunciable a la primera y suene aterrador, en honor a la verdad diré que resultó ser más sencillo e indoloro de lo que esperaba.

Es un estudio radiográfico, con ayuda de un medio de contraste para darnos una imagen del interior del útero y trompas uterinas. Como es de esperarse, la introducción del medio de contraste la realizan a través de una sonda vía vaginal. Lo cual ya suena poco divertido. El tiempo de duración es aproximadamente de 10 minutos.
Yo iba aterrada, tal vez en México acostumbremos a ir acompañadas al médico a hacernos un estudio, no lo sé, en mi caso no es así. El dolor podría ser mayor en caso de que las trompas estuvieran bloqueadas y al ejercer más presión a la sonda para introducir el medio de contraste, provocaría mayor inflamación, y por ende dolor. Pero no sucedió. Claro eso una nunca lo sabe, hasta que está ahí. Afortunadamente el día que me solicitó el estudio mi ginecólogo me asesoró, me explicó lo que podía esperar o no del estudio, y me indicó un analgésico el cual tomé un tiempo antes de la hora programada para el estudio.
Esa tarde llegué unos minutos antes, me sentía nerviosa, pero ya estaba ahí. Me pasaron, me desvestí y coloqué la batita. Una última ida al baño por si acaso la plancha donde me acostaré está muy fría. El resto, pues es más el pudor lo que duele. No son estudios fáciles, y una nunca se acostumbra a ellos. Es un poco más tardado que una revisión ginecológica, pero pasa. En esos largos, casi eternos 10 minutos, una puede pensar muchas cosas, afligirse si quiere, ausentarse nunca por completo.
Traté de estar lo más tranquila posible, el mantenerme con una sensación de paz interior es mi barrera contra el dolor, sonreir es un buen analgésico. Me concentré en escuchar la música ambiental, cuando pude a medio ojo veía las imágenes que iban proyectando, me pedían que me girara un poco, y así, de reojo ví por completo todo los trayectos, sabía que al menos las trompas no estaban obstruidas o me convencía de haberlo visto. Aunque iría dos días después a recoger las imágenes para llevarlas a mi médico, mi ansiedad habia disminuído notablemente. Salí de ahí, y pedí mi taxi para ir a casa.
Mi ginecólogo vió complacido mis imágenes. Me comenta que podría dar una clase de imagenes normales con ellas. Sonrío y me siento feliz, no hay que temer.
