Pronto, en este país, en el que se acostumbra hacer un festejo para todo, se celebrará el día del padre. No, no he comprado un regalo en tu nombre. Más adelante si tú decides hacerlo te apoyaré. Por lo pronto, mantenemos nuestras tradiciones, solo festejamos los cumpleaños.
Lo que no te he contado, y creo que aprovecharé la ocasión es para relatarte del día que naciste. Normalmente las madres solemos tomar un lugar protagónico, con el dramatismo y exabruptos correspondientes. Con semejante barriga, nunca hay duda de quién es la madre. El papá, en las situaciones que logra acompañar a su mujer en tal trance, queda de alguna forma relegado. Primero porque tiene que llevar a cabo el registro hospitalario y dar los papeles necesarios, además de los billetes o tarjeta de crédito que respalden los costos que se generen. Aunque pensándolo bien, deberían ayudarles a vestirse para entrar al quirófano, casi nadie está relacionado al ambiente médico, y los mandan a vestir unas pijamas quirúrgicas. Conociendo a tu padre, imagino su pudor al compartir vestidores con el pediatra y ayudantes. Arrojado al fin al quirófano y llegar a ver a su mujer tendida. La indicación enérgica y clara que recibió es que no tocara nada azul. Puesto pues, entre médicos y plancha quirúrgica, aguantando estoicamente. El amor hacia nosotras lo mantuvo. La verdad es que nunca pensé que llegaría a tanto, es alérgico al ambiente hospitalario, no sabe poner ni una inyección y se tapa los ojos cuando hay escenas sangrientas en una película. Se quedó, preso entre su emoción y su papel protector de las mujeres que estaban ahí, nosotras, su familia.
De repente, menciona, que vió cómo empezó a salir una gran cantidad de sangre. En un abrir de ojos, apareciste tú y pronto fue siguiendo al pediatra quien ya te tenía entre sus brazos y revisándote. Ni siquiera sabemos en qué momento pudo accionar la cámara. Como un sueño, recuerdo un instante en que lo ví totalmente emocionado y con su mano sobre su corazón, conteniendo el aliento, mirándote. Después, salió acompañándote rumbo a la incubadora donde estarías un par de horas. A su salida del cunero, tu abuela materna lo esperaba en la habitación, lo vió y abrazó emocionada.
Unas horas después, por fin pude contemplarte de cerca durante más tiempo y luego de alimentarte pudo ahora sí tu papá tenerte entre sus manos. Sus ojos húmedos, y con una ternura distinta te contemplaban, como lo hacen todos los días desde entonces. Les tomé una foto, con mi cámara y con mi corazón. Ahora, cuando te veo todas las noches esperándolo, y tan sonriente paseando en sus brazos, pienso que siempre fue así, ustedes se entendieron y se hicieron cómplices desde el primer día en que se vieron.
