Se trata de la impaciencia

30 May

Esta espera me desespera. En el último mes, no anoté la fecha de inicio, en un acto de rebeldía. Hoy es cuando pienso, si ya lo de anotar estaba muy habituado, ahora tengo el resultado de mi desacato. Es momento que no sé si ya estoy con retraso, o es mi ansiedad la que me hace pensar que hace como  26 horas debió considerarse oficial, o apenas voy con paso de tortuga.

Ilusionarse, pareciera que es lo peor que a una se le puede ocurrir. El miedo, lo tengo desde hace mucho acechando. Miedo de que algo no funcione o que funcione mal. Todo lo demás es construir mi fortaleza, aunque sé que (aún) no hay ningun espacio ni un solo momento donde diga, lo he pasado todo y no hay más.

Las pruebas de embarazo las deberían vender por kilo. Debí estudiar economía o la crisis se me acentuó con esto de la infertilidad que todo el tiempo pienso en costos. Cuando junto la suma de gastos en determinado rubro, me doy cuenta que valgo mi peso en oro. Con todo lo que me he invertido ya.

He descubierto que uno se envalentona, desde la cobardía. Ahora me explico, y como inicio, confesaré que si apenas era el último día del ciclo anterior, yo ya estaba abriendo una prueba de embarazo. Buscando desengañarme desde antes que una ilusión pequeña me abordara. Ahí está: como siempre negativa. Entonces eso es lo “normal” en mi mensual transcurrir. Esa medida, un tanto absurda, es una especie de defensa ante lo que ha sucedido siempre. Es como recorrer el mismo camino. Tal vez sea un rito para sufrir menos. Así me he ido acostumbrando. Entonces mi espera se vuelve poco sorpresiva. Cuando por fin llega la menstruación le veo sonriente y pienso, lo sabía, no me engañaste. Un triunfo pírrico más a mi favor. El consuelo de la victoria sobre lo inesperado, cuando lo que en verdad desearía es “fracasar en mis augurios” y que me sorprendiera la vida con una nueva vida en gestación.

Cualquier síntoma, en otras ocasiones tomaban una importancia vital. Con el paso del tiempo y acumulando resultados negativos, aprendí que todo puede significar o no. Porque gran parte de la medicación que usa puede justificarlos. Porque mis poderes mentales pueden estar al nivel de madame sazú y me harían levitar si eso significara estar embarazada. Entonces yo juego a la contraria. Si siento náuseas, digo que será indicio de gastritis y trato de recapitular todo el picante que he comido en los últimos días, sea cierto o imaginario. Si siento cólicos, ya estoy lista con la toalla sanitaria. Si me molestan los senos al recostarme boca abajo, será porqeu me ha crecido la joroba, o en último caso le echo la culpa a mi ropa de cama o hasta al mismo colchón. ¡Demonios!, ¿por qué no fabrican un colchón con agujeros copa C?.

Por mientras, lo de hoy es esperar.

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