De nuevo

24 Ago

Aunque esto más bien ya esté pareciendo el diario de una depresión, estoy acostumbrada a buscar respuestas, así me he mantenido a lo largo de mi vida, con una chispa de curiosidad. Hoy la coherencia la siento distante, en adelante lo que anoto no es un relato, simplemente trato de desahogar, ni siquiera conozco qué me pesa tanto.

Voy por la vida con un poco de temor, a lo mejor todo mundo sabe lo que yo ignoro, lo cual no es difícil  ya que ignoro muchas cosas, pero me da un poco de escozor, que cuando mi médico en reproducción trae cara de duda, pareciera que el que atiende en el oxxo lo tiene más claro.

El tema de reproducción es tan complicado que todo mundo opina como si fuera experto.

Antes se utilizaba leer libros, y para lo que me ocupa pensaría en que bastaba soplarme los temas básicos de ginecología.  No logro comprender cómo es que la raza humana se ha mantenido teniendo que pasar por todo ese proceso de reproducción tan complejo.

Mucho tiempo atrás así como pensaba que 1+1=2, asumía que óvulo+esperma=huevo fecundado. Pues no señor. Que si las trompas, que si el cuello uterino, que si amanecieron de mal humor los espermas, que si el endometrio, o si ahora el tema que traigo de moda las células asesinas naturales, o si los antifosfolípidos se les da la gana, nada más no cuadra la ecuación, aunque me pare de manos.

Ah todo se resume en que no sé ni cómo caí en esto. Todavía estoy atolondrada, ahora puedo explicar que las hormonas me alteran psicológicamente, pero tampoco es tan cierto, porque sí me siento consciente y puedo manejar perfectamente mi automóvil sin peligro para los demás. El detalle es que de unos días para acá, siento que conducir mi vida me está costando mucho trabajo.

Hace un momento, le mencionaba a mi pareja que tal vez debo hacer cambios laborales, me siento desmotivada, y de una cosa a la otra, el tema de conversación es el mismo: no puedo tener un hijo y siento que me invade el miedo de no poder nunca. Pedí una pausa, me fui a mi cuarto a llorar, soy de lágrimas difíciles, pero una vez que sale la primera inundo la habitación. No es la mejor forma para charlar, es que mis emociones se atiborran y en esos momentos solo lloro, mares de lágrimas, se me van mezclados con unos buches de mocos. Es una sensación extraña que me prefiero pasar a solas, no me interesa que alguien más vea que sufro, no necesito en ese momento que me abracen, tal vez después, pero antes quiero entender qué es lo que me duele tanto y no puedo asimilar.

Si tan solo supiera qué es exactamente lo que me duele, podría intentar trabajar en eso. Hay cursos, psicólogos, miles de opciones de entretenimiento o de aprendizaje. Todo podría hacerlo, pero así me siento atada.

Algo que he venido pensando en estos días es que tanto mi pareja como yo necesitamos leer, aprender mucho más sobre nuestro problema.

Si uno lee o comenta con otras personas, ya se ven venir los juicios, que se es demasiado aprehensivo. Si no se lee pues no te hace feliz pero bendita la ignorancia.

¿Cuál es la medida justa?

Lo que hago es tener un horario y ciertos días para leer al respecto, no cada que me asalta una duda, a veces mis dudas ni siquiera son verídicas. Uno lee otros temas y se va llenando la cabeza de ideas, así que opto por sólo dejar pendientes para el momento asignado, los temas que realmente me interesan.

Hoy me han dicho sí y no. Para estar informados ambos, hay un mínimo básico de datos, el cascabel al gato es decidir hasta dónde se considera básico. Entonces quedamos en que SÍ hay un mínimo de información que debemos tener entendida y clara. NO, mi pareja de plano no pretende saber más que el experto, mi punto es ¿pero cómo sabes quién sí sabe?.

Mi desazón es que estoy hasta el tope de desconfianza, he tratado de disminuir el nivel, pero dado que los jeringazos me los ponen a mí, protejo la retaguardia y el frente si es necesario.

En fin, hace un rato, tapada con mi cobija pensé si estoy deprimida, si requiero un diacepam, algo por el estilo, o salirme a caminar. Opté por lo segundo, previas 2 horas de alaciado de cabello y maquillaje. Renté una película para reír y lo hice, ver películas para mí es como ir a misa, se va con devoción o no se hace. Pero no me engaño, el distraerse ayuda a ir sobrellevando las cosas, pero no soluciona la tristeza, ni el coraje, la angustia, y todo aquello que me pesa por ahora. Nunca he sido del tipo que por dolor pida que arda Roma, el mundo no tiene la culpa. Así que cuando me canso de llorar y siento que ya me desahogué, busco a mi pareja, río nuevamente con sus bromas y siento que otra vez me reconozco, vuelvo a ser yo.

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