Todas las lágrimas

3 Dic

Después de varios episodios melodramáticos, concluyo que la vida es un juego, una fiesta.

Tal vez no siempre me divierta, o quiera retirar mis fichas, o ahuyentar a otros jugadores con mis dramas. Cuando más triste he estado, luego del momento digno de una película de Nosotros los pobres, encuentro mi misma sonrisa irónica, dtal vez, porque no puedo evitarlo, o simplemente es que a veces la vida me jode bien.

Tengo mis pensamientos mágicos, desde hace muchos años desisto de la resistencia. Si bien el aparentar fortaleza puede sostenerte por instantes, prefiero cuidar mis pasos, mis ideas, porque también en un descuido me pueden evitar ver el resto de mis siguiente jugadas, y lo que menos quiero es sabotearme.

Sé lo que es saberse mutilada, sé ahora lo que es perder un embarazo y a nadie puedo desearlo, pero mi vida no se trata de un concurso de mártires. Yo no puedo ver la vida como una especie de dinámica donde das y recibes. Ni tampoco es que uno tenga lo que se merezca. Si así pensara, no me ajustarían las cuentas. Seguramente tengo muchos defectos y he cometido errores, pero nada de eso me hace merecedora de las situaciones dolorosas que me han tocado. Tampoco creo que sean el preámbulo para un bienestar mayor. Nadie debería pasar por un dolor semejante para poder percibir las alegrías.

Lo que procuro es respetar mis momentos, si bien me dan ganas de berrear y pasar del gemido al alarido, no me gusta dedicar mucho tiempo a la tarea de la lágrima, para todo hay límites. También está el síndrome de supermán, o en este caso de mujer de acero, pero hay que tomar en cuenta algo importante: El ser fuerte desgasta, el ser moldeable te ayuda adaptarte y a subsistir ante cualquier situación.

Entonces cuando siento que me resisto a algo, y siento dolor, amargura, desesperación, tristeza, no les permito estar demasiado tiempo, e intento hacer exactamente lo contrario. Rehuyo de la rudeza, tanto en mis pensamientos como en mi corazón. Porque creo que cuando uno permite que esos sentimientos se queden más de lo necesario terminan corrompiendo lo que pretendo como ser humano.

Aunque no es tan fácil, el pensamiento actúa de maneras extrañas, más allá de los propios dominios, me he sorprendido a mi misma preguntándome ¿cuánto dolor puedo soportar?, en cuanto me percato me doy cuenta que eso es autocompasión, además que si la vida se entera seguro me toca otra paliza para despejarme la duda. Así que esa pregunta quejumbrosa la cambió por un  ¿Quién diablos te dijo que no podría pasarte? Levántate y juega!. Quedarme a lloriquear es una opción, seguir mi vida es otra y por mucho, a la larga me resulta más atractiva. Además, si todo esto es un juego, en las siguientes partidas, yo ya he aprendido otros trucos nuevos, y esto no se acaba hasta que se acaba.

Por cierto, lo del concurso de mártires, en una sociedad que enaltece el sufrimiento, es curioso ver, que si uno padece de un dolor, no faltan otros cuantos que te digan “hey, pero yo estoy más jodido que tú”, como si eso debiera alegrarme. O que dé gracias (¿?) de que no me ha pasado algo peor. Sin palabras.

Anuncios

Una respuesta to “Todas las lágrimas”

Trackbacks/Pingbacks

  1. Todas las lágrimas II « Llegó la cigüeña… - enero 13, 2011

    […] lágrimas II enero 13, 2011 por Mamá primeriza Hace un tiempo, en el 2009, escribí  Todas las lágrimas. En esos días, yo venía levantándome de un golpe dolorosísimo, por la despedida a un bebé que […]

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: