Cuéntamelo todo

9 Feb

Uno de los problemas iniciales a los que nos enfrentamos las madres primerizas, es el no saber si algo le duele a nuestro hijo(a). Poco a poco, bajo el científico método del echando a perder se aprende y después de muchas llamadas al pediatra, y que todo mundo nos ilumina por éste transitar de la maternidad, vamos asociando ciertas actitudes, gestos, y distintos tonos de llanto, quejidos o ausencia de sonidos, a cada necesidad o requerimiento de nuestro retoño.
Así aprendí que si lloraba mjm mjm es que estaba incómoda normalmente porque tenía sueño y yo la estaba interrumpiendo, al punto que aprendió a arrullarse sola. Si el llanto era en un grito, se ponía roja color camote, y con el cuerpecito estirado lo más seguro es que le estaba dando un cólico horrible., y luego me enteré que también tenía reflujo. Un llanto sonoro de más de 3 chillidos era hambre segura. Unos labios figurando una “o” ameritaba un próximo cambio de pañal porque ya había hecho popó. La lista es larga y mi memoria va cambiando las señales con sus significados, han sido tantos y han evolucionado que no en balde me he ganado el choteo por parte del padre: “madre solo hay una” (afortunadamente). Pero sí, si la madre ha estado pendiente una va que vuela para ser la mejor traductora hasta de esos mensajes por telepatía que les encanta enviar a los chiquillos., o el juguete haciendo el papel de paloma mensajera. Ágachense que ahí va el golpe e interpreten mi silencio.

Afortunadamente en cuestión de comunicación se avanza rápidamente, así que hoy estoy más que satisfecha de ver que mi hija me señala el lugar donde se golpeó. Es evidente que la mayor parte de las veces no hay que ser adivino, el chichón no deja lugar a dudas, pero hemos estado practicando. Es obvio, pero a las mamás nos encanta hacerlo más obvio aún. Porque tal vez muchas me entiendan, esa desesperación que nos invade al ver llorar a nuestro hijo y no obtener respuesta a un ¿dónde te duele?. Bueno, ya hemos ido avanzando y al fin empiezo a ver la luz.

Claro, también está aprendiendo a taparse las narices simulando una pinza con las manita. Me divierte cada que lo hace, y por supuesto, estoy orgullosísima de habérselo enseñado porque  aunque la señal sea para olores desagradables, lo hace con mucha coquetería. Si a eso le agregamos que pregunta ¿popóooo? popoooó? cada que sus padres se dirigen al baño, ahora tapándose las narices, tenemos la escena más avergonzante posible para mostrar a nuestras visitas.

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Una respuesta to “Cuéntamelo todo”

  1. Alejandra febrero 9, 2012 a 3:40 am #

    Jaja, espero ver eso!

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