La hora del baño

29 Feb

El ritual del baño, es una parte muy importante desde el primer día en casa. En general, durante toda nuestra vida, cada uno va haciéndose de curiosas maneras para emperifollarse o para al menos aparentar que se pasó por el agua.

En un inicio, junto con tu abuela y tu padre, preparábamos todo el numerito. Desde tener el agua tibia en la tina, la esponja, jabón neutro, las gasas para asear y secarte el muñón de cordón umbilical, las ropas miniatura. No nos fue tan mal. A pesar del día que terminé con el abdomen y piernas mojados, o cuando saliendo de la tina decidiste evacuar los intestinos sobre mí. O como al quinto día de vida, al asearte el incipiente ombligo me quedé con el pedazo de cordón umbilical entre mis dedos, y por segundos temí que te lo había arrancado si mis movimientos eran más bruscos que lo gentiles que intentaba. Te enojabas ante la inmersión, tu padre te sostenía en brazos y parecía no gustarte nada la experiencia del baño, intentamos varias cosas y lo que funcionó fue la sugerencia de una lectora de estos textos, pez rojo. El usar agua más caliente que tibia te cayó de maravillas. De inicio el problema fue mantenerte varios minutos dentro de la tina, conforme creciste, el problema se ha vuelto el intentar sacarte del agua mientras tú disfrutas chapotear, poner a nadar a tus patos, usar la jícara, patalear, repasar las onomatopeyas de algunos animales, partes del cuerpo y decir “tes” para terminar la cuenta de todo que lleve el 1, 2 y 3.

 

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