Tag Archives: Cartas para ti

Bajo la lluvia

3 May

Ayer insistías en salir a jugar al patio, y yo dudé. Afuera caía una lluvia sorpresiva acompañada de viento. Cruzó por mi cabeza la idea temerosa de que pudieses resfriarte, luego de estos días de tanto calor. Volteé a verte, sin duda eres una niña sana y trato de que también seas feliz, con esas pequeñas cosas, que no son importantes hasta que ríes.

Te expliqué que llovía, pero accedí a que conocieras la lluvia por ti misma. Abrí la puerta y saliste de un brinco, al momento te detuviste, intentabas tomar las gotas de agua con tus manitas. De inicio el viento te asustó un poco, y después reías, te hacía cosquillas en tu rostro, en tus manos, y corriste al pequeño charquito, pisoteando hasta  salpicar(me) por ti misma.
Solo fueron unos minutos, los resfríos no se asomaron, pero los momentos que hemos vivido las dos, haciendo esas travesuras, para mí, y aunque tú no lo recuerdes, sí quiero que sepas que son mis tesoros más grandes.

 

 

Foto: On The Day When The Rain Came. by Lotus Carroll, en Flickr. Usada bajo licencia Creative Commons Attribution-NonCommercial-ShareAlike 2.0 Generic.

Retrato de las 7 de la mañana

7 Feb

Te escucho entre mis sueños, hace ya varios meses que regreso de esos viajes somníferos a punta de gritos. Aunque desde el primer día que amanecimos en ésta casa luego de tu nacimiento, he acostumbrado darte los buenos días con una sonrisa, la misma que me devuelves. Pero el hambre no perdona, es una fracción de segundos de amabilidad que da paso al rito de pedir mamila de una manera desesperada. Agarrada a los barrotes de tu cuna, intentando salirte, no solo te oigo yo sino todo el vecindario. Mientras corro a la cocina a prepararte tu licuado, avistas a tu padre e insistes en que te saque de tu encierro para jugar, aunque sea unos minutos antes de que se vaya a trabajar. Eres la niña de sus ojos, así que aprovecha para pasearte por la casa y amorosamente te anuncia que ya viene, ya casi llega, ya está apareciendo… la deliciosa mamila.

Cesan tus llantos, tomas la mamila como recién salida del desierto, y te vas acomodando nuevamente entre tus cobijas, no para continuar algun sueño que haya quedado rezagado, sino para jugar. Te encimas en algun muñeco, lo abrazas, lo desvistes, lo avientas, lo tomas de nuevo, lo formas con los demás y das instrucciones. “Este síi…este nooo… mjmjjjj papapapapepe”. Bailan y toman mamila según tus órdenes. A todos los revisas, corroboras que tengan bien abiertos los ojos, les mueves las orejas o les compartes un chupón. A veces salen volando en las alturas, proyectados hacia el piso.
Eso eres tú. Una niña que poco a poco va tomando mando y acción sobre sus deseos. El cambio cotidiano se traduce en puntos sin retorno, donde uno a uno de tus logros van formándote en alguien distinta, mejorada al día anterior.

Eres ocurrente, y en más de una ocasión nos reímos sorprendidos de lo que nos reflejas, de aquellos rasgos de nuestro carácter y personalidad que reconocemos de nosotros mismos en ti. A estas alturas sabíamos de tus cambios volátiles de humor y discutimos quién es Dr. Jekyll y quién es Mr. Hyde. Aunque afortunadamente predomina el lado risueño y curioso, sábetelo bien que tienes un modito rococó. Aún antes de que aprendieras a decir éste sí o éste no, tu gesto manual desechando, indicando que uno retire de tu vista tu mamila vacía, el bocado que no quieres, el juguete que ya no te divierte. Años hace ya en que se abolió la esclavitud pero tú pareces no enterarte, y haces entripados cada que se hace uso de la jerarquía.
Normalmente te molesta que el tiempo de juego o los paseos sean más breves de lo que contemplas: todo el día. Reniegas si hay que lavarte las manos, no por el hecho en sí, sino por la demora evidente cuando tú ya te has percatado de que tu plato está servido. Maldices de las restricciones que tenemos para las alacenas, gavetas, cajones. Tomas las llaves intentando abrir las cerraduras, o intentas mover los candados con la esperanza de que se abran con tu maniobras. Avisas de cualquier ruido extraño, o conocido, como los perros que ladran a lo lejos, el tren a su paso, el camión del gas, el portón del vecino. Tienes especial percepción para el ruido del coche de tu padre, sabes cuando está por entrar a la casa.
Aplaudes e intentas bailar moviendo tus pies y manos rítmicamente, a veces parece que en vez de baile marchas, y ríes mientras lo haces. Aprendiste a incomodar y te divierte hacerlo, así levantas las ropas al nivel de la cintura para buscar un rollito de grasa el cual pellizcar, o levantas los pantalones para hacer cosquillas en las piernas, lo haces y esperas la reacción. Te has vuelto muy buena conversadora, aunque no entendemos tu discurso salvo por alguna palabrita aislada, respondes y comentas el punto, manoteas y explicas y nosotros escuchamos pero eso que dices parece estar más cerca del mandarín que del español.

Es divertido estar a tu lado,a pesar de tus arranques de locura y enojo, vemos con orgullo que aprendes cada día muchas cosas nuevas. Nos contagias tu alegría por vivir y esa eterna curiosidad que espero no la pierdas nunca.

Feliz año y medio hija mía.

Sobre tus pasos

12 Dic

En palabras de tu padre, entendimos que el gateo era todo lo que contemplabas en tus recorridos diarios.  A pesar de que en innumerables ocasiones te mantenías en pie, o incluso dabas dos o tres pasos, volvías siempre con las manos al piso. Un desplazamiento veloz, ya fuera hacia adelante,  hacia atrás o algun cambio de dirección solo se daba así.

No somos partidarios de la andadera, pero te alentamos a que te empujaras por ti sola en un cochecito. O con tus habilidades arácnidas sostenida de las paredes o muebles. Aunque eso luego fue el mejor aliciente para que empezaras a trepar a las escaleras, muebles. Todo mueble a la vista, es digno de ser escalado. Mientras la caminada parecía estar relegada para mejor ocasión.

Pero hoy, luego de jugar a hacer solitos varias veces, decidiste que era mejor bailar parada y empezaste a aplaudir y a mover rítmicamente tus piernas. No sé como sucedió, cuando te ví caminando por toda la cocina, correteando y con con el corazón sostenido de un hilo, iba tras de ti. En una mezcla de alegría, emoción y temor. Porque así soy, como suelen ser las mamás, que quieren ir tras sus hijos todo el tiempo, sabiendo que posiblemente tendrán algunos tropiezos sobre sus propios pasos y al menos con nuestra vista, pensamos que el golpe será de menor intensidad, o podremos ir al rescate en fracción de segundos.

Ahora que descubriste que puedes caminar, creo que habrá que tomárselo con calma, ir por un bote de árnica por si se llega a ofrecer para los moretones y dejarte recorrer el mundo.

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