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Primer mes

10 Sep

Han pasado muchas horas ya desde que nació mi hija. Casi me he mantenido despierta todas ellas, salvo algunas en las que he caído muerta de cansancio, pero no las suficientes como para quitarlo del todo. Así que luego de la cuarta semana mi cuerpo empezó a adaptarse, el cansancio es el mismo solo que se va acostubrando uno a la mala vida. Después de todo, esto será una etapa y quiero vivirla intensamente.

Haciendo un recuento de las experiencias recientes.

Lactancia. En las últimas semanas del embarazo, procuré leer, ver videos, estuve investigando el uso de tiraleches manual y eléctrico, almacenamiento de la leche materna, posturas para amamantar, indagaba por la liga de la leche… y TODO me daba harta flojera, le avanzaba unos minutos y empezaba a bostezar. Así que una vez salida del área de recuperación, mientras esperaba a que trajeran a mi pequeña a la habitación, me sentí como quien presentará un examen sin tener la menor idea de lo que se tratará. La ventaja acá fue que no hice nada. En cuanto me la trajeron llegó el momento de la verdad y la chiquilla hizo todo. Como el burro que tocó la flauta, así salí avante en esa primera presentación. No duele, cero grietas. Lo que me ha faltado es mejorar la postura, porque si duelen los brazos, articulaciones, espalda es seguramente por exceso de uso y por que uno adquiere posiciones viciadas. Pero, ¿quién diablos no se pone chueco a las 3 de la mañana?

En el rubro pañales. Ya me tocó uno que otro embarrón, fugas del pañal al pañalero y unas que incluyeron el mameluco. Lo cual ameritó un cambio total, con el justo reclamo de la acompañantita por encuerarla a deshoras. El padre ya se animó forzadamente a entrarle a la cambiadera, es mejor acostumbrarse desde ahora que enfrentarse a las batallas de cuando ya inicien la ablactación, y exija mascarilla de oxígeno para la inmersión.

Baño. Sin problemas, aunque los papás lo disfruten, la hija no tanto. Todavía es un repelar a la hora del baño, tal vez sea el clima frío y húmedo que nos ha tocado en esta temporada. Espero que pronto llegue el momento en que el baño ayude a relajarle.

Sueño. Inició cada 3 horas, ahora ya tiene lapsos de 4 horas entre una toma de leche y otra, lo cual arroja unas 2 horas de sueño en cada ciclo. Si nos va bien, por lo siguiente.

Reflujo, regurgitaciones, buches y babas. La primera es solo la preocupante, cuando les ve uno vomitar pasado un tiempo de comer, y ese contenido gástrico produce ardor. De inicio fue muy desesperante verle la cara de dolor, y uno sin poder hacer más que darle el medicamento y tratar de tranquilizarle. Sinceramente dan ganas de ponerse a llorar de impotencia.  La principal angustia no es que vomite en sí, sino que se broncoaspire, y eso me pone los pelos de punta, he ahí la razón por la que el sueño era casi cosa prohibida para mí. Un ruido o ausencia de ruidos me hacían brincar nuevamente de la cama. Fuimos agregando medidas a las iniciales, del cojín antireflujo, uso de biberones que disminuyan la ingesta de aire, mejorar la técnica de lactancia, procurar la posición vertical al alimentarle, y una hora después de ello., provocar los eructos con el mínimo movimiento posible, alternar con fórmula láctea. De hecho eso regresal al punto anterior, pero de inicio yo era fan de lactancia materna exclusiva, pero viendo que al alternar las tomas el problema fue disminuyendo, no hubo resistencia. Afortunadamente todo ha ido mucho mejor, cada vez se han ido haciendo menos frecuente esos episodios de terror, y cada día su sistema digestivo está haciéndose más maduro. Las regurgitaciones, buches y babas, no son problema alguno, antes con el miedo era fácil confundir todos, luego se va adquiriendo el sentido del tiempo y cantidad. Si son inmediatamente después de comer, y menos de una cucharada, suponen un excedente y no pasa a mayores.

Psicomotricidad. Empezó como taquito y en un mes se ve la diferencia, con sus movimientos activos y el inicio de fijación de la mirada a objetos, su estado de alerta ante sonidos y respuesta ante la presencia de su madre. Manoteos y pataletas como karateca.

Llanto. Los bebés lloran, por razones muy obvias, si tienen hambre, requieren un cambio de pañal, si tienen frío o calor, tienen sueño, necesitan un cambio de postura, les duele algo, o simplemente porque les da la gana, siendo su forma de comunicarse. Así empecé, primero espantada por cualquier llanto y poco a poco se distingue entre uno y otro, aunque a la fecha de repente hay algunos llantos confusos. Luego de intrepretar el motivo, si al final  de intentar resolver por lo más obvio, y el llanto persiste, se implementa el método tranquilizador. Busqué técnicas para tranquilizar a los bebés y me han funcionado las siguientes: Un abrazo cerrado, acurrucándolos contra el pecho, procurando que su cabeza quede del lado izquierdo, eso les proporciona una ilusión de estar apretujados dentro del útero, y esa regresión les tranquiliza. Otra es cargarles boca abajo sobre un brazo y con la palma de la otra mano acariciar a lo largo de su espalda en movimientos suaves y amplios. Las siguientes son cantos y arrullos. Pero para TODAS las opciones, es imprescindible que la mamá esté tranquila, así que si una empieza a desesperarse es mejor pedir un relevo, tomarse unos minutos a solas y regresar con nuevos bríos.

No pretendo ponerme a dar consejos en cuidados de recién nacidos, solo menciono como me ha ido en la feria maternal. Cada bebé es diferente y ésta es la mía.

Así, en resumen, todo va pasando, minuto a minuto, coleccionando semanas ya. Gradualmente voy retomando otras actividades de la casa, y de mi vida laboral, casi nada, pero ante el inminente reinicio de actividades en un par de semanas es mejor ir poco a poco para que no resienta el cuerpo el trabajo. Disfruto inmensamente mi nuevo papel de madre, sin embargo por salud mental también es necesario airearse un poco de vez en cuando, hay tiempo para todo y eso incluye un poco de ejercicio físico y empezar a programar salidas a la calle.

La música de tu corazón

4 Ene

Todos mis miedos y el último susto de hacía apenas unas horas quedaron minimizados en cuanto vimos ante nosotros la magia del ritmo de su corazón, a 162 latidos por minuto.

Miles de preguntas parecían surgir alrededor, que si las medidas, los bordes, la circulación. Apenas y se distingue un híbrido de renacuajo con humano, pero para nosotros cambió el mundo entero.  Le tomaron fotos de frente y de perfil, el pequeño polizonte ha sido fichado a sus 7 semanas de gestación.

¿Yo qué puedo decir?, si desde hace 2 años y medio que iniciamos la aventura, luego de pasar el tiempo con el método divertido, el asunto pareció irse complicando, entre numerosas visitas a ginecólogos, estudios, tratamientos, cirugías, horarios cronometrados, medicina alternativa, clases de yoga, oraciones de gente más buena que un pan y un aborto el mes pasado, ya me sentía como ascendiendo a pirata con pata de palo en estos mares.

Si yo lo único que he pretendido ha sido un embarazo tranquilo y sano que llegue a buen puerto y poder criar una persona de bien.

A lo largo de este tiempo he recibido diversas opiniones, consejos, mensajes cargados de optimismo, mientras les escuchaba con una oreja, por mi cuenta, me procuraba un horario para lecturas médicas relacionadas al tema, combatía la hipocondria. Afortunadamente, la felicidad de la ignorancia tuvo siempre un resquicio donde guarecerme.

Y ante la ignorancia propia y de uno que otro más versados en el área, me apareció un hijo en el vientre. He leído miles de veces que cuando menos lo esperas es más fácil quedar embarazada. Pues no es mi caso. Diría que por lo que a mí respecta aplico al contrario.

Nunca dejé de desearlo con todas mis fuerzas, de no haber sido así no me habría tomado la molestia de hacer desde los métodos rudimentarios a los más complicados y fue precisamente cuando más estresada estuve que ocurrió el primer embarazo, el cual al perderse me provocó una tristeza tan profunda que jamás había imaginado, sentía que parte de mí también había muerto. Pero no desistí, tan lo seguimos intentando que me embaracé en el mes inmediato. Éste chamaco no conoce de treguas.

Incrédulos todos, y llámenme insensata, pero médicamente, en mis condiciones de infertilidad inexplicada más el pequeño detalle de mis 36 años, lo que menos podía perder era el tiempo. Si me espero 6 meses me crecen barbas y no estaría contando esta historia. Tal vez he tomado más riesgos, los cuales he asumido con conocimiento de causa, y es algo de lo que no me arrepiento. Hoy ví a mi embrión por primera vez, y no negaré el amor a primera vista, sin embargo, yo ya estaba enamorada desde hace muchos largos meses antes de que anunciara su llegada. Solo que hasta no ver, no creer, y hoy CREO. Estoy embarazada.

Todas las lágrimas

3 Dic

Después de varios episodios melodramáticos, concluyo que la vida es un juego, una fiesta.

Tal vez no siempre me divierta, o quiera retirar mis fichas, o ahuyentar a otros jugadores con mis dramas. Cuando más triste he estado, luego del momento digno de una película de Nosotros los pobres, encuentro mi misma sonrisa irónica, dtal vez, porque no puedo evitarlo, o simplemente es que a veces la vida me jode bien.

Tengo mis pensamientos mágicos, desde hace muchos años desisto de la resistencia. Si bien el aparentar fortaleza puede sostenerte por instantes, prefiero cuidar mis pasos, mis ideas, porque también en un descuido me pueden evitar ver el resto de mis siguiente jugadas, y lo que menos quiero es sabotearme.

Sé lo que es saberse mutilada, sé ahora lo que es perder un embarazo y a nadie puedo desearlo, pero mi vida no se trata de un concurso de mártires. Yo no puedo ver la vida como una especie de dinámica donde das y recibes. Ni tampoco es que uno tenga lo que se merezca. Si así pensara, no me ajustarían las cuentas. Seguramente tengo muchos defectos y he cometido errores, pero nada de eso me hace merecedora de las situaciones dolorosas que me han tocado. Tampoco creo que sean el preámbulo para un bienestar mayor. Nadie debería pasar por un dolor semejante para poder percibir las alegrías.

Lo que procuro es respetar mis momentos, si bien me dan ganas de berrear y pasar del gemido al alarido, no me gusta dedicar mucho tiempo a la tarea de la lágrima, para todo hay límites. También está el síndrome de supermán, o en este caso de mujer de acero, pero hay que tomar en cuenta algo importante: El ser fuerte desgasta, el ser moldeable te ayuda adaptarte y a subsistir ante cualquier situación.

Entonces cuando siento que me resisto a algo, y siento dolor, amargura, desesperación, tristeza, no les permito estar demasiado tiempo, e intento hacer exactamente lo contrario. Rehuyo de la rudeza, tanto en mis pensamientos como en mi corazón. Porque creo que cuando uno permite que esos sentimientos se queden más de lo necesario terminan corrompiendo lo que pretendo como ser humano.

Aunque no es tan fácil, el pensamiento actúa de maneras extrañas, más allá de los propios dominios, me he sorprendido a mi misma preguntándome ¿cuánto dolor puedo soportar?, en cuanto me percato me doy cuenta que eso es autocompasión, además que si la vida se entera seguro me toca otra paliza para despejarme la duda. Así que esa pregunta quejumbrosa la cambió por un  ¿Quién diablos te dijo que no podría pasarte? Levántate y juega!. Quedarme a lloriquear es una opción, seguir mi vida es otra y por mucho, a la larga me resulta más atractiva. Además, si todo esto es un juego, en las siguientes partidas, yo ya he aprendido otros trucos nuevos, y esto no se acaba hasta que se acaba.

Por cierto, lo del concurso de mártires, en una sociedad que enaltece el sufrimiento, es curioso ver, que si uno padece de un dolor, no faltan otros cuantos que te digan “hey, pero yo estoy más jodido que tú”, como si eso debiera alegrarme. O que dé gracias (¿?) de que no me ha pasado algo peor. Sin palabras.

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