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La música de tu corazón

4 Ene

Todos mis miedos y el último susto de hacía apenas unas horas quedaron minimizados en cuanto vimos ante nosotros la magia del ritmo de su corazón, a 162 latidos por minuto.

Miles de preguntas parecían surgir alrededor, que si las medidas, los bordes, la circulación. Apenas y se distingue un híbrido de renacuajo con humano, pero para nosotros cambió el mundo entero.  Le tomaron fotos de frente y de perfil, el pequeño polizonte ha sido fichado a sus 7 semanas de gestación.

¿Yo qué puedo decir?, si desde hace 2 años y medio que iniciamos la aventura, luego de pasar el tiempo con el método divertido, el asunto pareció irse complicando, entre numerosas visitas a ginecólogos, estudios, tratamientos, cirugías, horarios cronometrados, medicina alternativa, clases de yoga, oraciones de gente más buena que un pan y un aborto el mes pasado, ya me sentía como ascendiendo a pirata con pata de palo en estos mares.

Si yo lo único que he pretendido ha sido un embarazo tranquilo y sano que llegue a buen puerto y poder criar una persona de bien.

A lo largo de este tiempo he recibido diversas opiniones, consejos, mensajes cargados de optimismo, mientras les escuchaba con una oreja, por mi cuenta, me procuraba un horario para lecturas médicas relacionadas al tema, combatía la hipocondria. Afortunadamente, la felicidad de la ignorancia tuvo siempre un resquicio donde guarecerme.

Y ante la ignorancia propia y de uno que otro más versados en el área, me apareció un hijo en el vientre. He leído miles de veces que cuando menos lo esperas es más fácil quedar embarazada. Pues no es mi caso. Diría que por lo que a mí respecta aplico al contrario.

Nunca dejé de desearlo con todas mis fuerzas, de no haber sido así no me habría tomado la molestia de hacer desde los métodos rudimentarios a los más complicados y fue precisamente cuando más estresada estuve que ocurrió el primer embarazo, el cual al perderse me provocó una tristeza tan profunda que jamás había imaginado, sentía que parte de mí también había muerto. Pero no desistí, tan lo seguimos intentando que me embaracé en el mes inmediato. Éste chamaco no conoce de treguas.

Incrédulos todos, y llámenme insensata, pero médicamente, en mis condiciones de infertilidad inexplicada más el pequeño detalle de mis 36 años, lo que menos podía perder era el tiempo. Si me espero 6 meses me crecen barbas y no estaría contando esta historia. Tal vez he tomado más riesgos, los cuales he asumido con conocimiento de causa, y es algo de lo que no me arrepiento. Hoy ví a mi embrión por primera vez, y no negaré el amor a primera vista, sin embargo, yo ya estaba enamorada desde hace muchos largos meses antes de que anunciara su llegada. Solo que hasta no ver, no creer, y hoy CREO. Estoy embarazada.

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Todas las lágrimas

3 Dic

Después de varios episodios melodramáticos, concluyo que la vida es un juego, una fiesta.

Tal vez no siempre me divierta, o quiera retirar mis fichas, o ahuyentar a otros jugadores con mis dramas. Cuando más triste he estado, luego del momento digno de una película de Nosotros los pobres, encuentro mi misma sonrisa irónica, dtal vez, porque no puedo evitarlo, o simplemente es que a veces la vida me jode bien.

Tengo mis pensamientos mágicos, desde hace muchos años desisto de la resistencia. Si bien el aparentar fortaleza puede sostenerte por instantes, prefiero cuidar mis pasos, mis ideas, porque también en un descuido me pueden evitar ver el resto de mis siguiente jugadas, y lo que menos quiero es sabotearme.

Sé lo que es saberse mutilada, sé ahora lo que es perder un embarazo y a nadie puedo desearlo, pero mi vida no se trata de un concurso de mártires. Yo no puedo ver la vida como una especie de dinámica donde das y recibes. Ni tampoco es que uno tenga lo que se merezca. Si así pensara, no me ajustarían las cuentas. Seguramente tengo muchos defectos y he cometido errores, pero nada de eso me hace merecedora de las situaciones dolorosas que me han tocado. Tampoco creo que sean el preámbulo para un bienestar mayor. Nadie debería pasar por un dolor semejante para poder percibir las alegrías.

Lo que procuro es respetar mis momentos, si bien me dan ganas de berrear y pasar del gemido al alarido, no me gusta dedicar mucho tiempo a la tarea de la lágrima, para todo hay límites. También está el síndrome de supermán, o en este caso de mujer de acero, pero hay que tomar en cuenta algo importante: El ser fuerte desgasta, el ser moldeable te ayuda adaptarte y a subsistir ante cualquier situación.

Entonces cuando siento que me resisto a algo, y siento dolor, amargura, desesperación, tristeza, no les permito estar demasiado tiempo, e intento hacer exactamente lo contrario. Rehuyo de la rudeza, tanto en mis pensamientos como en mi corazón. Porque creo que cuando uno permite que esos sentimientos se queden más de lo necesario terminan corrompiendo lo que pretendo como ser humano.

Aunque no es tan fácil, el pensamiento actúa de maneras extrañas, más allá de los propios dominios, me he sorprendido a mi misma preguntándome ¿cuánto dolor puedo soportar?, en cuanto me percato me doy cuenta que eso es autocompasión, además que si la vida se entera seguro me toca otra paliza para despejarme la duda. Así que esa pregunta quejumbrosa la cambió por un  ¿Quién diablos te dijo que no podría pasarte? Levántate y juega!. Quedarme a lloriquear es una opción, seguir mi vida es otra y por mucho, a la larga me resulta más atractiva. Además, si todo esto es un juego, en las siguientes partidas, yo ya he aprendido otros trucos nuevos, y esto no se acaba hasta que se acaba.

Por cierto, lo del concurso de mártires, en una sociedad que enaltece el sufrimiento, es curioso ver, que si uno padece de un dolor, no faltan otros cuantos que te digan “hey, pero yo estoy más jodido que tú”, como si eso debiera alegrarme. O que dé gracias (¿?) de que no me ha pasado algo peor. Sin palabras.

Habrá que creer

24 Nov

Cuando me enteré, abrí los ojos incrédula, no sabía si reír o llorar. Al fin, dos rayitas me mostraban lo distinto que es saberse en espera, gestar otra vida. Luego de noches sin dormir pensando en un diagnóstico que no tengo, pasó a último término, comenzaron las noches pensando en si en realidad era cierto.

Viví unos días entre el miedo y la felicidad. Un nivel de fracción beta, un segundo, un tercero y todo bien, cuando al fin empezaba a sentirme embarazada, se acabó. No hubo los suficientes días. Así de repentino como llegó se fue el sueño tan acariciado al cumplir las 6 semanas.

Le han seguido varias madrugadas, en donde en el fondo de mi corazón, todavía no puedo creer que estuve embarazada y que ya no lo estoy.

No podría escribir sobre la esperanza renovada, que la hay. Pero el dolor es mucho más palpable, un dolor intenso y apagado. Mi vida habitual transcurre apacible, he vivido rodeada de amor, y no soy alguien que acostumbre las lágrimas, las pocas son demasiado saladas. Tampoco soy fan del club del optimismo, la vida me ha golpeado duro, y a cada zarandeada acostumbro sonreír, porque así ahuyento el miedo, pero no significa que no importe, tal vez de las cosas que más me importan es de lo que olvido como tema de conversación para con otros. Conmigo puedo hablar, y no lo niego, he estado renuente estos días, triste, de repente me pongo necia y maldigo, para instantes después apapacharme a regaños alentadores. Rechazo la compasión, y por lo mismo me impongo, a salir a la calle y no dejar que mis pensamientos agobiantes me impidan ver las cosas buenas que me rodean. Es un ejercicio para mantener la cordura. Yo hubiera querido tirarme al piso y llorar, dar una pataleta si con eso arreglara las cosas.

La verdad es que no sé si vuelva a embarazarme algún día. Lo que sí es cierto es que ya lo estuve, y a pesar de todo lo disfruté. He venido pensando, lo que antes no se me antojaba, que solo haré unos intentos más porque ahora sí empiezo a ver mi límite. Sin duda he visto gente que intenta durante muchos años. A mí no me alcanza el dinero y el tiempo también se me agotará un día de estos. Las ganas por muchas que haya, no van más allá de las capacidades económicas, físicas y emocionales.

Luego hablar de la confianza, me espantan los que ven el futuro y dan las cosas que no han sucedido por hechas, eso para mí no es confianza, es estupidez. Confío en mí, casi siempre. También me doy dudas grandes y gracias a eso es que aprendo cosas nuevas. Confío en mi pareja, en mi familia, en mis pocos amigos. En lo que respecta a si tendré un hijo algun día, asegurarlo no puedo, pero confío y creo fervientemente que haré lo que esté en nuestras manos. Ni un golpe de más ni de menos.

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