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Once meses

17 Jul

Faltan unas pocas semanas para tu primer cumpleaños. Mientras tanto, seguimos recolectando los pequeños logros. De ninguna manera pretendo entrenarte como animalito de circo para hacer monadas, aunque a veces lo parezca. En unas semanas veremos a algunos familiares, y sí, claro que me gustará que puedan ver lo graciosa que eres. Pero no te presiones, de hecho, estoy convencida de que no te apura en lo absoluto. Ya sé, las mamás primerizas parece que inventamos logros. Lo cierto es que exacerbamos los avances porque vemos el enorme esfuerzo y días de práctica que hay detrás de un solo gesto, un movimiento. Nadie nos lo pide, pero pareciera, que nos convirtiéramos en entrenadoras físicas y asesor académico personal, maternizado. No es despreciable la cantidad de progenitoras que a lo lejos vislumbran un premio Nobel, o a un encumbrado deportista en su retoño. ¿Qué se yo?.

La verdad es que nadie puede ni debe pedir más lo que la propia naturaleza de cada niño provee.

Así, por mucho que te entrene, y pareciera estar dominado el juego “dónde está el osito?, respondas “adi edá!, y puedas distinguirlo entre muchos muñecos, nada asegura que otras personas podrán verlo. Si entusiasmada con el resto de tu familia se te olvida todo y haces lo que mejor sabes, que es sonreír y hurgar sus ropas y bolsas.

Algo que ensayamos con frecuencia es el baile, hay que ver tus movimientos de baile, bastante limitados, pero con mucho ritmo. O los sonidos de tus besos. Tu onomatopeya de changuito, los arrullos a tus muñecos, y cómo intentas limpiarle la carita a punta de palmadas a una de tus muñecas.  También por tu propia cuenta empezaste a practicar los berrinches, en ese momento no quieres nada, salvo que alguno de tus padres se acomida a sacarte de tu prisión en forma de cuna. Es obvio, prefieres estar en cualquier lado que no sea tu recámara, con tal de seguir en la pachanga. En cuanto reconociste la casa como territorio digno de ser visitado, a gatas, recorres todo lo que puedes. Así, apenas se abren las puertas de tu cuarto, emprendes la salida, en busca de nuevas aventuras. De repente, empezaste a sujetarte de todo lo que esté a tu alcance para incorporarte, y entrenas tus caídas de sentón. Revisas el área de aterrizaje y dejas caer tu cuerpo, echando un ligero vistazo al descender. ¡Pongan paja!

Nosotros te disfrutamos, reímos con tus gestos, y sin duda, en unas semanas, ésto que te cuento, ya será  parte de tu historia.

Bebé enfermo(a): adiós guardería!

15 Feb

Hoy nuevamente regresó mi hija a la guardería, luego de una semana de descanso debido a que cursó con una gastroenteritis viral. Afortunadamente se resolvió muy pronto. Con todo, y aunque ya iba mejorando mi responsabilidad como madre y comprendiendo que un proceso infeccioso es una causa clarísima de ausencia a un centro infantil, ni por error se me ocurrió llevarla. Aparte, que las reglas son muy claras desde el primer día que fui a pedir información en la guardería.

 

Parece que esto no lo entiende todo mundo. Justo hoy, a mi lado, habían mandado llamar a una mamá para que recogiera a su hija, la pequeña estaba presentando fiebre y había empezado a toser. La madre, repetía una y otra vez, pero solo se asoleó ayer, ¿tendrá algo?. Vaya, el ver que tu hijo(a) tosa, mientras te están diciendo que tiene 39 grados de temperatura y de casualidad justo le empieza a escurrir un moco amarillo en su naricita… apunta a que le está pasando algo?.  No había lugar a dudas que la pequeña estaba enferma y me alegré que en la guardería se mantuvieran firmes en que esa niña debía ir  a consultar a su pediatra., y no, no podía permanecer más en la estancia infantil.

Sin duda todo mundo tendrá ocupaciones, pero también hay prioridades. En mi caso, mi trabajo pudo ser reagendado, tal vez a otras personas se les complique más. Pero no, en la guardería no son unos ogros por no permitir que ingrese/permanezca un niño con una enfermedad que parezca contagiosa, fiebres,  mocos y diarreas no entran. Si así fuera, el riesgo para todos los demás niños de enfermarse sería mucho mayor, y peor aún, se formaría un círculo vicioso, en el que todo el tiempo el niño que inició se recontagiaría una y otra vez.

 

Ojalá no hubieran madres a las que les tuvieran que explicar esto, que a todas luces parece muy sencillo de entender, y creo que como en muchos otros aspectos hay que tomar cada quien su parte de responsabilidad sin tratar de quererse pasar de listo no logrando más que hacerle al tonto.

Cansancio crónico post parto

22 Ene

Sin duda tener un hijo(a) te cambia la vida. También es verdad que una sonrisa de tu cría hace que todo valga la pena. En lo que no estoy de acuerdo es que con solo verle, se te quita el cansancio.

Recién cuando llegamos a casa, luego de su nacimiento, llegué todavía bajo el efecto de la adrenalina, y analgésicos. Esa noche no pude dormir. Prácticamente me quedé a la orilla de mi cama con su cuna a un lado viéndole. Era tanta mi emoción, y responsabilidad que tenía frente a mí que ni siquiera me acordé de que el cuerpo requiere dormir para funcionar bien. Después, entre cambios de pañales y respectivas sesiones de alimentación se me han ido los días. De cuando en cuando uno se acuerda que hubo días en algun momento de tu vida en que podías despertar hasta medio día si se te apetecía. Durante el primer mes, drásticamente se redujeron mis horas de sueño a una o dos al día. Justo al cumplir el primer mes, literalmente rebotaba con las paredes, empecé a tropezarme con todo, mi estado de ánimo empezaba a llegar a un punto en el que se exacerbaba mi tendencia al perfeccionismo, yo que nunca usaba reloj ahora quería tener todo con cronómetro, agotada llenaba y llenaba la bitácora de crecimiento, medicamentos, alimentos, todo tenía que girar de forma exacta a mi alrededor. Ante tal situación era lógico que se rompiera el hilo por el punto más delgado  y ese día llegó, en que no escuché más, caí en un sueño profundo durante 10 horas. Para mí solo había sido un pestañazo, me reincorporé como resorte espantada, con sentimiento de culpa, y ví que mi hija no estaba en su cuna, sino que al lado de su padre muy tranquilos se enteraban de las noticias y sonrientes me esperaban para que yo comiera algo.

No pasó nada. Simplemente tenía que descansar y ya era necesario. Aunque uno piense que todo va bien y tomes todas las precauciones que estén a tu alcance para que así siga, ahora como madre siento que se me prendió un chip de control freak.

Hace un par de semanas que salíamos en familia a dar un paseo, inconscientemente  realizaba ejercicios de relajación cervical mientras iba de copiloto, y mi pareja extrañado me preguntó si me sentía tensa. Hasta ese momento, con mi natural respuesta le dije, llevo tensa los mismos días que nació nuestra hija, es más, creo que estoy tensa desde el día en que nos propusimos hacer lo necesario para tener descendencia!. Entre risas me tranquilizaba cuestionando, ¿qué es lo que me estresa???. Tengo una hija maravillosa, tranquila, alegre, con horarios establecidos, saludable.

Demonios! Nada, solo es que me despierto varias veces en la noche, al menor ruidito salto, no puedo evitarlo, la toma de las 6 de la mañana, arreglarme, cambios de pañal, arreglar la pañalera, salgo con todo lo necesario para llenar un carromato de gitanos, y los chupones de emergencia como anillos adornando mis dedos. Así, todos los días automáticamente elaboro en mi cabeza un check list de lo que ocuparemos en el transcurso de la jornada. Lo irónico es que si me ayudan, yo quiero darles mis listas por telepatía.

Una que otra vez, me he sorprendido con sonrisa malévola cuando veo al padre cargar con su chiquilla, hecho bolas, si carga el portabebé  ya es imposible que piense en nada más. Quisiera irme a sentar cómodamente a mi asiento y tal vez por unos minutos sienta esa tensión en el pescuezo con la que me sorprendió al preguntarme qué es lo que me estresa.

 

Conozco a varias amigas que están igual o peor. Sí, se puede estar peor. El cabello, la piel, el peso, las ojeras, las tendinitis en pulgar, muñecas, y con mucho más cansancio que el mío porque mal que bien logro dormir un poco más que ellas. Afortunadamente ya se sabe, ninguna etapa es igual a otra, y lo que representa cansancio ahora no lo será en un par de meses ni conforme vayan pasando los años. Pero también es sabido a la perfección que las mamás no hay día en que duerman sin antes pensar en el bienestar de sus hijos, así estén a su lado en sus cunas, o a miles de kilómetros de distancia cincuentones y probablemente con sus propias familias.

Bienvenidas las ojeras.

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