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Certezas

8 Jul

Luego de la cirugía, me informaron y me han entregado las imágenes del procedimiento. Se confirma que no hay causa que justifique la infertilidad.

Desalentador, tal vez, pero siendo honesta, una gran parte de mi interior se alegra. Estar sana es una buena noticia.

Nos queda, intentar un poco más, unos meses de más o de menos pueden marcar la diferencia. No sabemos cuándo exactamente pero todavía nos queda otra opción, la fertilización in vitro. Tal vez haya más causas, inmunológicas, genéticas o de coagulación que sean las que estén interfiriendo. Para ninguna de ellas hay cura, pero sí tratamientos que minimicen el efecto y tal vez logren que un embarazo se dé o siga su curso. Por ahora solo es especulativo, y a lo que vamos nuestro interés se centra en hacer paso por paso, lo que ahora sigue es intentar de forma natural en los siguientes meses.

Les quiero presentar, a algo, que en algun momento podría ser alguien. Tan cerca y tan lejos, pero con solo verle, me ha dado mucha alegría. La vida existe le he visto brillar en una canica.

Óvulo

Hablando de (in)fertilidad

13 May

No saber qué decir. No decir nada. Decirlo.

Ninguna de las opciones es la mejor. Así me siento cuando me preguntan si ya me animaré a tener un hijo.

Me repatea la idea de que “solo quienes lo viven saben lo que se siente”. No es necesario ir a la Luna para saber que existe. Lo que sucede es que nos rodea mucha ignorancia. Si el tema de sexo se considera tabú, la reproducción también lo es.

En una sociedad donde se le llama “tus días” a la menstruación, con esa mala costumbre de nombrar a medias lo que preferiríamos no decir. Miles de mensajes desde la pubertad nos rodean haciendo que nos avergoncemos de  nuestro propio cuerpo y sus manifestaciones.

¿Cómo reaccionan cuando les respondo a sus cuestionamientos de que no es que no me “anime” a tener hijos y esté prolongando mi vida tan cómoda sin hijos, porque  lo que sucede es que  NO PUEDO embarazarme?

El consejo nunca ha faltado. Con frases de estas:

Es cuestión de que lo intenten.

– Verdad más absoluta no hay. Habrán creído que solo nos concentrábamos en un ejercicio mental y elevábamos nuestras oraciones a ver si así se nos aparecía un hijo. Idiotas, no, que por intercambio de fluidos no hemos parado, de intentos estamos hasta el gorro. Luego de 1 año siguiendo los días fértiles con un sexo programado y los intentos con el sexo espontáneo también, si no hemos ganado medalla olímpica por el esfuerzo físico es porque todavía no han ingresado tal modalidad en las competencias.

Tener hijos es muy pesado, mira que yo que vivo sin dormir y cansado de corretearles.

¿Esperan que dé gracias al cielo por  no poder tener hijos como si me libraran de tal castigo?. Los días que he pasado corriendo de un consultorio a mi trabajo, checando horarios, si toca tráfico, si es fin de semana y en las clínicas y laboratorios hay horario de oficina mientras me hago cruces con el calendario, pasando por estudios dolorosos, días de espera interminables, el dolor físico y emocional, carajo, entiendo tu punto, no poder tener hijos es como 3 días en una playa.

Paso días mal durmiendo, mal viviendo, haciendo todo lo posible por poder tener el cansancio de ver a un hijo dormir plácidamente, o por cuidarle si se enferma. Quisiera enojarme porque  un hijo mío tire mi maquillaje carísimo a la basura, o me pintarrajee mis inmaculados sillones color hueso, las paredes blanquísimas, que rompa los jarrones y hasta las figuritas de feria. Créanme, en un acto de egoísmo quiero multiplicarme,  no quiero estar con insomnio por no poder tenerlo y no saber si lo tendré. No quiero enojarme por cada intento que no funcionó.

Relájate, olvídate de eso, dejas de pensarlo y seguro te embarazas.

Menudo manojo de nervios con patas que soy. Nada de lo que haya sido antes me define como persona, ni ayuda para decirles que mi carácter es tranquilo. Diré una imprudencia, en mi opinión soy muy pacífica y justo quienes me aconsejan que me relaje son personas que más de una vez me han pedido consejo alabando mi serenidad. ¿Ahora he enloquecido?. Malditos nervios que me han atacado y ni siquiera me doy cuenta.

Perdón, pero olvidarme no puedo. Tomándome la temperatura basal para anotarla en la gráfica que me ha indicado mi médico, todos los días, recién despierto introduzco el termómetro en mi boca, ¿cómo explicarles que ese rito me complica lo de la amnesia?. Tener horarios para los medicamentos, los de la mañana, los de al medio día y el de la noche, más el calendario del ciclo, del día 2 al 3 tal vez inicio un nuevo tratamiento, del 3 al 5 estudios, del 5 al 9 pastillas, o me la cambian y son inyecciones a cierta hora, los seguimientos foliculares, 14 días de espera, aderezados con algun estudio más, y con mi refilón de medicamentos para esos días. Perdón, pero no se me puede olvidar, no del todo, nada más a ratos, cuando hago todo lo que acostumbro a hacer, y cuando hago todas esas actividades que busqué para distraerme.

¡Véte de vacaciones!.

Si con el consejo me dieran el cheque… lo que necesito es quien patrocine las vacaciones que duren lo que falte para embarazarme. Cada cierto tiempo, hacemos pausas, tal vez hemos vacacionado más que antes de intentar embarazarnos, cuando nos ha hecho falta lo hacemos. Pero hay un detalle que no consideran. El tener diagnóstico de infertilidad desconocida, quiere decir que no saben qué lo causa. Es una condición orgánica o funcional, algo pasa que no sucede lo que se esperaría que debe suceder, sin respuestas lo que sigue son más estudios, con sus respectivos intentos. Si me voy de vacaciones, podré broncearme o irme a esquiar y regresaré con maravillosas postales y souvenirs. Pero los estudios que tenga que hacerme no estarán hechos por arte de magia, tampoco me librarán de ir a las mismas consultas. De ánimo ni hablamos, la felicidad momentánea que me daría hacer un viaje vacacional, se me quitaría de inmediato cuando vea que necesito más dinero. Porque, ser infértil es un lujo que nunca quise darme.

¿Entonces sería mejor no decir nada?… no, porque volvemos al principio, empieza la retahíla de recriminaciones acerca de mi vida cómoda y sus soluciones con que me busque menos comodidad teniendo hijos [a ver si ya hago algo de provecho, procrea, procrea]. No dudan en tacharme de ser una mujer egoísta,  enferma del materialismo y mi dañino afán por lucir atractiva que me están impidiendo ayudarles a sobrepoblar.

Mi respuesta cuando me preguntan para cuándo los hijos, se ha vuelto breve. Para cuando se pueda, que por intentos no quedaremos.

La siguiente pregunta lógica una vez que se les resolvió que estar en el intento es desear tener un hijo, viene el factor tiempo.

¿Cuánto tiempo llevan juntos?… 1,2,3,4,5 años. No tuvieron sexo desde el principio ¿? -Cómo les explico que mi intimidad es compartida solo con mi pareja (y mis médicos), agradezco el interés por no dejar que se extingan mis genes, pero no es pretexto para que yo me siente en un diván a contarles las travesías de mi vida sexual.

Así algunas veces me salgo por la tangente, otras bloqueo frontalmente. A  un selecto grupo de personas,  de inicio empezamos con nuestras familias, a mis amigos más cercanos les intento explicar, que no poder tener hijos tiene diagnósticos, hay tratamientos, hay mucho trabajo por hacer y lo comparto porque sé que me quieren e intentan ayudarme. Sé que estarán tentados a decirme todas esas frases, que a momentos me lastiman, si ellos no lo saben, yo tampoco lo sabía, pero podemos aprender a hablar de infertilidad sin caer en drama, y sin que me saboteen o nulifiquen mis esfuerzos.

Callarlo no nos resuelve el problema, hablarlo ayuda, escuchar imprudencias hiere, entonces, hablémoslo, pero sin juicios precipitados, sin dar recetas que nadie les ha pedido menos sin ser médicos, un abrazo es bien recibido, saber que hay gente que te quiere fortalece. En la medida que nos permitamos conocer más sobre el tema, sin pretender ser eruditos, podremos tener una visión más amplia del problema. A algunos [la pareja] les tocará elegir sus opciones, a otros [los médicos] orientar sobre las soluciones viables, el resto [familia, amigos] la tienen más complicada,  porque aprenden a apoyar sabiendo el problema y ayudan a que la vida de la pareja afectada transcurra, un poco más abollados pero igual de apapachados.

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